CRISTOBAL COLÓN

12 de octubre de 1492

Con motivo del aniversario luctuoso de Cristóbal Colón se despierta nuevamente la reflexión desatada entre los años 70's del siglo pasado, en torno a la perspectiva imperante en aquellos días sobre el llamado “contacto” entre el viejo y el nuevo mundo. Surgen Nuevas interrogantes que impulsan una re-lectura del pasado y nos invitan a la búsqueda de nuevas interpretaciones. (Boccara)

Lo que dió nacimiento a América en cuanto espacio geográficamente limitado, entidad consciente de sí misma y, sobre todo, entidad en la conciencia de los europeos, en una palabra, realidad geo-política, fue la colonización hispano-portuguesa, que confirió al Nuevo Mundo la unidad religiosa, administrativa, en parte lingüística y, sobre todo, política. La unidad espiritual de los Conquistadores se va a prolongar –y a transformar- en la de los criollos, quienes considerarían su país como un “Paraíso occidental”, según la expresión de un erudito mexicano del siglo XVII, don Carlos de Sigüenza y Góngora.

Tratemos de imaginar la América que ellos descubrieron y conquistaron y que los conquistó, como lo prueba la expresión "Paraíso occidental".¿Qué era América antes de ser América, o, mejor dicho, las Indias antes de ser las Indias, el Nuevo Mundo ignorante de su novedad futura?, como lo prueba la expresión "Paraíso occidental". En efecto, los indios nunca supusieron que fueran indios antes de que la Conquista viniera a revelarles e imponerles una identidad común. (Jacques Lafaye)

La conquista del Nuevo Mundo aparece como un doble encuentro: encuentro entre hombres que pertenecían a civilizaciones muy diferentes, por una parte, y, por la otra, entre lo que los indios eran sin saberlo y lo que los Conquistadores creían que eran los indios, según se asienta en los relatos de los viajeros de Oriente, las leyendas de la Antigüedad grecorromana y las profecías del Antiguo Testamento.

El encerrar la conquista dentro de los límites de una increíble actividad deportiva y de la grandiosa calaverada militar que fue, en realidad sería empobrecerla. La conquista de América fue una prodigiosa corriente de renovación del conocimiento, ya se trate de la cosmografía o del arte de la navegación de la historia natural y de sus aplicaciones farmacéuticas o agrícolas, de la antropología y de su influencia sobre la filosofía y la política. La Conquista fue un brote de invención épica, mitológica -como la búsqueda de El Dorado y de la Fuente de la Juventud-, de imaginación práctica también, que permitió la adaptación de los hombres y de su armamento a las condiciones climáticas, físicas y militares nuevas para ellos. Pero, sobre todo, el descubrimiento de las Indias fue experimentado por sus contemporáneos como un momento importante en el desenvolvimiento providencial de la historia humana, como la última etapa antes del advenimiento del Reino que seria instaurado precisamente en las Indias, por lo pronto en la forma de la nueva Iglesia católica.

Tratemos de imaginar la primera visión del Nuevo Mundo que tuvieron los primeros descubridores. Lancemos una ojeada a esos mapas en los que las islas surgen en medio de un océano poblado de sirenas y tritones; de una isla de esta clase partieron las primeras piraguas de indios al encuentro de la carabela de Cristóbal Colón, que los describe así: "Luego que amaneció vinieron a la playa muchos de estos hombres, todos mancebos, y todos de buena estatura, gente muy hermosa... los ojos muy hermosos y no pequeños. Ellos vinieron a la nao con almadías, que son hechas del pie de un árbol, como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy a maravilla según la tierra, y grandes en que en algunas venían cuarenta o cuarenta y cinco hombres, y otras más pequeñas, hasta haber de ellas en que venia un solo hombre". Era el 13 de octubre de 1492, el Nuevo Mundo era descubierto por los europeos; se pensaba que hasta entonces la Providencia divina lo había mantenido oculto y que había reservado a Colón para rasgar ese velo. Las palabras españolas descubierto y encubierto (literalmente, oculto) expresan de modo inmejorable esta especie de inversión del estatuto de América que realizó el primer viaje de Colón. El azar o, mejor dicho, el régimen de vientos y la geografía, quisieron que los primeros pueblos americanos encontrados por Colón se hallasen entre los más pacíficos. El texto que acabamos de tomar del Diario del Almirante aparece, retrospectivamente, como la carta de fundación del mito –tan próspero en Marmontel y Chauteaubriand- del “buen salvaje”. Este cuadro de la humanidad americana sobre un fondo de paisaje tropical, que pinta con la paleta de Gauguin, hace de Colón el primer denunciante –anticipado- de todas las atrocidades de las que más tarde serán culpables los Conquistadores, en relación con poblaciones cuyo recibimiento fue con frecuencia menos encantador.

La hazaña de Colón, como sabemos, tuvo las más profundas consecuencias para la humanidad y transformó la historia haciéndola verdaderamente mundial. El conocimiento ganó en geografía, cosmografía, náutica, botánica y zoología. En el mundo occidental, se cimbró la idea de la historia, del derecho y la religión misma. Pero lo verdaderamente trascendente de la conciencia de América en la historia, fue el contacto entre seres humanos y el amplio intercambio entre los dos mundos.

Colón realizó un total de cuatro viajes a tierras americanas, el último de ellos en 1502 para regresar en noviembre de 1504 a Sanlúcar, España. Éste fue el más azaroso y desafortunado por el incumplimiento de los objetivos, las dificultades del viaje y la propia delicada salud del almirante, lo que en cierta forma explica las amargas frases contenidas en una carta a su hijo Diego, escrita al poco de llegar:

«He servido a Sus Altezas con mas diligencia y amor que los que pudiera haber empleado en ganar el Paraíso; y si en algo falle fue porque era imposible o estaba más allá de mis conocimientos y poder. Dios Nuestro Señor, en tales casos, no pide a los hombres más que buena voluntad». www.cervantesvirtual.com/portal/ colon /

Fue inhumado en Valladolid, España, en 1544 sus cenizas fueron trasladadas a Santo Domingo, en cumplimiento de la última voluntad expresada en su testamento, posteriormente en 1796 se depositaron en la catedral de La Habana , Cuba, pero la Catedral de Sevilla disputa también el honor de contar con los restos del Almirante.

Es oportuno puntualizar que persiste una amplia controversia con respecto de algunos detalles presentes en la vida de Colón que bien vale la pena recordar. Desde el trazo de su perfil biográfico, se plantea el problema de las incertidumbres y lagunas que aún hoy existen.

La biografía del Almirante esta llena de noticias confusas y contradictorias ofrecidas por su hijo Fernando, tal vez intentando reivindicar un origen noble para el navegante. Salvador de Madariaga defiende, que era converso, García de la Riega le atribuye un origen gallego, para Luis de Ulloa era un noble catalán, cuyo nombre real seria Joan Colom, marino enemigo de Juan II de Aragón, que era el supuesto Scolvus que habría llegado a Norteamérica en 1476, ofreciéndole el proyecto de descubrimiento a Fernando el Católico en beneficio de Cataluña. Sin embargo hasta ahora la teoría más generalizada defiende el supuesto origen genovés.

Es en Portugal, en el contexto de una sociedad volcada en la exploración del Atlántico con el objetivo último de sortear el continente africano para llegar a la lejana Tierra de las Especias, donde Colón sin duda, concibió y maduro el proyecto de llegar a las maravillas del Extremo Oriente por una ruta radicalmente distinta a través del Atlántico.

Su formación autodidacta le permitió realizar diversas lecturas que tal vez influyeron en sus planteamientos: II Milione de Marco Polo, en una edición de 1485; Historia rerum ubique gestarum, de Eneas Silvius Piccolomini, que después sería Pío II, editado en Venecia en 1477; Imago Mundi, de Petrus Alliacus, publicado en Lovaina en 1480-1483.

La Biblioteca Colombina conserva ejemplares con múltiples anotaciones marginales que evidencian una lectura atenta. Estas dos últimas obras, sobre todo la de Alliacus, compendian los conocimientos geográficos de los humanistas del siglo XV, en los cuales estaban recogidas las aportaciones de Ptolomeo, Aristóteles, Plinio y demás tratadistas del mundo clásico.

La historiografía concede un protagonismo decisivo al florentino Paolo del Pozzo Toscanelli (1397-1482), uno de esos sabios del Renacimiento con prestigio en Medicina, Astronomía, Geografía y otros saberes. Toscanelli hablaba de la viabilidad de una navegación hacia la China por el oeste, un trayecto que se vería aun más facilitado porque podrían realizarse escalas en la mítica isla de Antilia y en Cipango (Japón). El conocimiento de un informe que le remitiera al rey Alfonso V de Portugal, confirmo el proyecto de Colón. Errores en sus planteamientos fueron los que permitieron un éxito en modo alguno esperado. Sobre esto, decía Ranke que se estaba ante «el más fecundo error de todos los tiempos».

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